Es difícil definir lo que es exactamente la tecnología. En principio el término se refiere literalmente al estudio de la técnica, esto es, a todos los conocimientos teóricos o prácticos que envuelven a las disciplinas científicas. Según esta definición, para que algo sea una tecnología como tal, debe tener un uso en un determinado campo. En el momento en que deje de usarse, dejaría de ser tecnología. Como eso es bastante difícil de catalogar, solemos hablar de tecnologías en desuso u obsoletas. No hace falta irnos a la época de la invención del fuego para ver tecnologías que han sido reemplazadas por otras: lo que para nuestros abuelos era tecnología para nuestra generación puede ser un anacronismo sin utilidad práctica. Existe otro concepto muy usado en la actualidad como son las nuevas tecnologías, que comprenden varios campos de reciente creación como la informática, las telecomunicaciones… De todos modos en la sociedad moderna conviven tecnologías tan antiguas como la rueda con las más nuevas.
la tecnología es de gran importancia en todo el mundo, por que sus
avances han hecho que toda la sociedad se beneficie de ella, ya que
estamos en una época en la que cada día surge un avance diferente que
hace un gran aporte a el desarrollo de la misma, de igual forma lo que
fue un avance en el ayer, hoy ya no tiene relevancia para la humanidad,
todo va quedando en el pasado es por esto que el hombre se ha encargado
de que cada día haya algo nuevo por enseñar a el mundo.
Los avances tecnológicos han hecho las labores del hombre mas fácil
gracias a la elaboración de maquinarias que cubren gran parte del
trabajo que anteriormente solo el operador podía realizar.
Cada día la tecnología se apodera con mayor fluidez del
mundo, dándonos a conocer diariamente nuevos proyectos para el beneficio
de la humanidad.
El arte y la tecnología son dos rostros de la creatividad humana, dos que además se encuentran estrechamente relacionados, a pesar de las diferencias que en apariencia tienen entre sí. Aquello que hace el arte en no pocas ocasiones se ha logrado gracias a un desarrollo técnico específico, una tecnología cuya existencia permite al artista hacer o dejar de hacer determinada obra. Sí lo condiciona, pero posiblemente también lo incita a trascender esas limitaciones. Igualmente, no son pocos los casos en que los desarrolladores de tecnología se inspiran en el arte para generar nuevos artefactos que faciliten o mejoren nuestra vida cotidiana.
En este sentido, la relación entre una y otra actividad humana podría encontrarse en prácticamente cualquier época, pero sin duda es en tiempos recientes cuando la tecnología posee una presencia, tan persistente, de algún modo tan ineludible, que el arte se ha encargado de incorporarla a sus procesos, tanto como un recurso, un instrumento, como parte del examen de la realidad contemporánea, cuando muchas de nuestras prácticas e interacciones pasan casi necesariamente por un dispositivo tecnológico.
Las proyecciones digitales, el desarrollo del sonido de alta fidelidad, el videomapping, el uso de apps que complementan una exposición o una obra, la transformación del cine gracias a tecnologías como el 3D, la influencia de las redes sociales y su particular forma de comunicación en la literatura y la poesía, son algunas muestras de cómo la tecnología se ha ido filtrando hacia el quehacer artístico, tomando el lugar de los óleos de antaño y en muchos casos generando nuevas formas de aprehender fragmentos de la realidad desde la perspectiva estética.
Curiosamente, esta última característica de nuestra época es de algún modo recíproca, pues también ha derivado en una suerte de popularización de cierta actitud artística frente a la vida. El hecho, por ejemplo, de que un teléfono portátil esté equipado con una cámara fotográfica de buena calidad, hace posible que al menos potencialmente cualquiera pueda tomar una buena fotografía, acaso también, por qué no, una fotografía artística. La tecnología moderna, a través de todo tipo de gadgets, pero especialmente a través de los smartphones que han logrado una enorme penetración, ha empoderado a los ciudadanos del mundo con la capacidad de ejercer y compartir una veta artística y capturar los momentos más significativos de su existencia de manera fluida. Entre los últimos avances de esta tecnología de cámaras en smartphones podemos destacar el Nokia Lumia 925, que cuenta con óptica Carl Zeiss y seis diferentes lentes, además de la tecnología PureView que permite capturar imágenes de alta calidad en la noche (captando hasta cinco veces más luz que la mayoría de los smartphones). Asimismo, la posibilidad de ajustar manualmente el enfoque, la velocidad del obturador, el balance de blancos y una serie de innovadores funciones, vuelven a este dispositivo una cámara profesional que amplía el margen de creatividad para el usuario, llevando las posibilidades de captación estética de un smartphone a un nuevo nivel. Como se ha demostrado ampliamente en la historia de la fotografía, es la manipulación de la escena, el juego de luz y del movimiento, la sutil y delicada conjugación de circunstancias materiales y técnicas, lo que hace posible el milagro secreto, el descubrimiento inesperado de esos detalles de la existencia que la lente revela al ojo profano y escéptico, imágenes que nuestro ojo desnudo creería imposibles y que, no obstante, gracias al artificio de la fotografía, se vuelven parte de nosotros y de la mirada con que hacemos nuestro el mundo.
Así, de alguna forma se cumple el ideal profesado por Nietzsche sobre la necesidad de transformar la vida en una obra de arte, pero esta vez por la vía de los dispositivos tecnológicos que llevamos en nuestro bolsillo. De algún modo la sensibilidad estética, el descubrimiento de lo admirable o lo francamente bello que cualquiera de nosotros puede realizar per se, encuentra un vehículo, un medio de transmisión y de expresión en los gadgets y sus características técnicas, y hacer ver que en realidad cualquiera puede ser un artista, al menos de su propia experiencia, y que éste no se trata de un estatus reservado a unos cuantos.
Un libro (del latín liber, libri) es una obra impresa, manuscrita o pintada en una serie de hojas de papel, pergamino, vitela u otro material, unidas por un lado (es decir, encuadernadas) y protegidas con tapas, también llamadas cubiertas. Un libro puede tratar sobre cualquier tema.
Según la definición de la Unesco,1 un libro debe poseer 49 o más páginas (25 hojas o más), pues desde cinco hasta 48 páginas sería un folleto (desde tres hasta 24 hojas), y desde una hasta cuatro páginas se consideran hojas sueltas (en una o dos hojas).
También se llama "libro" a una obra de gran extensión publicada en varias unidades independientes, llamados "tomos" o "volúmenes". Otras veces se llama también "libro" a cada una de las partes de una obra, aunque físicamente se publiquen todas en un mismo volumen (ejemplo: Libros de la Biblia).
Hoy en día, no obstante, esta definición no queda circunscrita al mundo impreso o de los soportes físicos, dada la aparición y auge de los nuevos formatos documentales y especialmente de la World Wide Web. El libro digital o libro electrónico, conocido como e-book, está viendo incrementado su uso en el mundo del libro y en la práctica profesional bibliotecaria y documental. Además, el libro también puede encontrarse en formato audio, en cuyo caso se denomina audiolibro.
Orden de los libros
Entre los finales de la Edad Media y el siglo XVIII, en Occidente se intentó controlar y ordenar la gran cantidad de textos que el libro manuscrito y luego el impreso habían puesto en circulación, tras la invención de la imprenta por Gutenberg. Plasmar los títulos de una determinada manera, clasificar las obras o dar un destino a los textos para clasificarlos fueron operaciones gracias a las cuales se hacía viable el ordenamiento del mundo de lo escrito, por aquel entonces. Pero, paulatinamente empezó a imperar el deseo de la instauración de una biblioteca inmaterial, más eficiente, que daría lugar a una transformación en la relación con los textos escritos.
Por un lado, en una esperadísima conferencia de prensa, el escritor
norteamericano Jonathan Franzen alertó sobre "la retórica de progreso
que acompaña el consumo de los juguetes cibernéticos"; por el otro, la
empresa Cengage Learning, que desarrolla herramientas digitales para la
educación, obtuvo el premio al mejor stand de la Feria, y presentó
algunas de sus aplicaciones y productos, que van desde la simulación 3D
de contenidos hasta la creación de un aula virtual, donde el profesor y
los alumnos interactúan en plataformas personalizadas que imitan el
formato del blog.
Mapa cultural de la diversidad y laboratorio cultural, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL)
cobija ambas posturas, que a su manera resumen la unión de suspicacia y
entusiasmo con la que la cultura letrada observa las promesas del mundo
enmarcado en las distintas pantallas. Pocas horas antes de recibir la
medalla Carlos Fuentes, Franzen se declaró un "partisano de los libros"
y, para no quedarse en el terreno de las definiciones, dejó entrever sus
recelos de la tecnología, al manifestarse "muy preocupado por los
cambios radicales que vive el mundo de hoy".
Creador
de novelas que bien podrían venderse por kilo (Las correcciones, de
2001, tiene 736 páginas, y su celebradísima Libertad, que le valió la
portada de la revista Time, 672), Franzen pasó de la sospecha a la
crítica, y para eso se permitió reivindicar el rol de la literatura ante
la superpoblación de imágenes."La
literatura trata de la construcción del sentido, y todos los días vemos
que el sentido actual no pasa por la vieja manera de entender las cosas
-dijo-. Y, sin embargo, nos dicen que todo esto significa progreso.
¿Realmente hay progreso en fotografiar un plato de comida y mostrárselo a
todo el mundo a través de las redes sociales? Yo escribo para la gente
que duda de ese progreso."
No muy lejos de donde Franzen
fundamentaba su escepticismo, los directores de Cengage Learning
anunciaban "el futuro de la educación" en un stand luminoso y repleto de
tablets. En un breve acto de presentación se recordó que la educación
contemporánea migra del modelo transaccional (con un profesor al frente
del aula que transfiere sus conocimientos) a uno tecnológico y
personalizado, donde los contenidos se divulgan a través de experiencias
de aprendizaje.
En
lugar de leer sobre la selva, los alumnos ya pueden sentirse dentro de
una gracias a la simulación 3D. Y en una época en la que el umbral de
atención de los jóvenes se ha reducido drásticamente, las nuevas
propuestas educativas contemplan aulas virtuales con clases a distancia,
libros digitales que permiten la inserción de videos e hipervínculos,
chat con el profesor y lecturas que se examinan a través de comentarios
como los que cualquier internauta deja en Facebook.
Tal como se
vio en el stand que la FIL distinguió como el mejor de la presente
edición, la pedagogía se reinventa al ritmo del consumo cultural de
quienes nacieron en la era de Internet, y da la impresión de que ese
rumbo formará ciudadanos con una relación más dinámica y menos ilustrada
con el saber. En una misma jornada, la FIL dibujó los grandes
interrogantes del futuro, y las respuestas están en el aire.
Por
su parte, a mitad de camino entre la sala donde Franzen reveló sus
miedos y los educadores digitales invitaron a los curiosos a tomar una
clase digital, la literatura argentina se hizo fuerte por partida doble.
Anteayer, con la presentación de El país imaginado, el libro con el que
Eduardo Berti obtuvo el Premio de Novela Las Américas 2012, que
consagra a la mejor obra de ficción publicada en castellano. Y ayer, con
el reconocimiento al Mérito Editorial a los argentinos Adriana Hidalgo y
Fabián Lebenglik, de Adriana Hidalgo Editora.
"Me gusta cuando la
literatura se mete con lo inefable, con lo que uno no sabe qué nombre
darle. Es por ese tipo de cosas que vale la pena escribir un libro",
dijo Berti, en diálogo con el mexicano Jorge Volpi. Por estos días, la
FIL deja claro que el vértigo contemporáneo impide ponerle un nombre
propio a la cultura contemporánea.
La buena noticia es que, como sugiere Berti, es precisamente por eso que la literatura aún tiene mucho que decir.